En un cobarde ataque ocurrido el viernes por la noche, delincuentes desmantelaron una huerta hidropónica ubicada en las afueras de la ciudad. Además de robar tres motores, cables subterráneos y herramientas esenciales, los malvivientes destruyeron los cultivos que servían de terapia paliativa para su propietario, un reconocido docente jubilado. “Me robaron el último sueño”, expresó la víctima en un desgarrador descargo.
La inseguridad volvió a golpear con saña a la comunidad de Esquina, esta vez afectando un emprendimiento que trascendía lo económico para convertirse en un refugio de vida y salud. El viernes por la noche, personas desconocidas ingresaron al predio de “Are Porá”, una huerta de hidroponía y aeroponia propiedad del docente jubilado Kimi Tognola, ubicada en las inmediaciones de “Paso de los Pájaros”, una zona de quintas en las afueras de la ciudad.
Los delincuentes no solo buscaron objetos de valor, sino que demostraron una saña inusitada. Según se pudo constatar, se tomaron el tiempo necesario para violentar candados, arrancar cables subterráneos de energía y desmantelar el sistema de riego. El botín incluyó tres motores de agua, temporizadores, llaves térmicas, mangueras y diversas herramientas y accesorios indispensables para la técnica de cultivo en agua.
Un daño que va más allá de lo material
Sin embargo, el perjuicio económico —aunque elevado— queda en segundo plano frente al daño moral y humano. Las imágenes del “antes” muestran una producción de lechugas lista para la cosecha, fruto del trabajo diario y meticuloso. Las fotos del “después” son desoladoras: cables cortados, cajas térmicas vacías, motores arrancados y cultivos pisoteados y abandonados a su suerte sin el riego vital.
Para Tognola, esta huerta no era un comercio, sino su “terapia de todos los días” en el marco de un tratamiento paliativo contra una enfermedad que atraviesa.
El descargo: “No vale la pena volver a empezar”
A través de sus redes sociales, el docente volcó su angustia en un texto que rápidamente se viralizó y conmovió a los vecinos. En su descargo, vinculó la falta de valores y el desprecio por el esfuerzo con el clima social actual: “Estos pendejos no saben de mérito, de esfuerzo ni de sacrificios. El clientelismo político les alimentó sus vicios y sus miserias”, disparó con crudeza.
En uno de los pasajes más dolorosos de su carta, Tognola sentenció: “Sepan que no le robaron a un viejo jubilado algunas cosas; le robaron el último sueño y el trabajo de todos los días… le robaron también la felicidad del poco tiempo que le queda”.
La incertidumbre ahora reina sobre el futuro de “Are Porá”. El propietario confesó no saber si tendrá las fuerzas necesarias para reconstruir lo que la delincuencia y la falta de valores destruyeron en una sola noche. La policía local investiga el hecho, mientras la comunidad de Esquina manifiesta su repudio ante un ataque que, más que un robo, fue un atentado contra la dignidad de un trabajador.


