Bautista Gallardo, uno de los propietarios de Lobito Resto Bar, salió públicamente a expresar su profundo malestar por la doble clausura que recibió el local en apenas seis días. Asegura que la medida es injusta, arbitraria y sin cumplimiento del debido procedimiento, y denuncia además presiones políticas y motivaciones ajenas al reclamo real de los vecinos.
“Nos clausuraron dos veces en una semana y sin notificarnos nada. La clausura es el último paso, y acá fue el primero”, expresó Gallardo, visiblemente molesto.
“No siguieron los pasos que marca la ley”
Según detalló, para clausurar un comercio deben existir advertencias, inspecciones y notificaciones previas.
“Ninguna de esas cosas ocurrió. Un día simplemente nos avisaron que estaba la faja puesta. Fue sorpresivo y fuera de todo protocolo”, aseguró.
También cuestionó que la prueba utilizada por el Juzgado de Faltas sería una filmación de un teléfono celular, algo que —afirma— no puede determinar niveles de decibeles ni contaminación auditiva.
“El juzgado nunca vino a medir nada en el horario de funcionamiento. Todo fue por suposiciones”, sostuvo.
Normas de convivencia con vecinos
Gallardo reconoció que hubo una molestia puntual semanas atrás y que, tras ese episodio, se reunieron con los vecinos para acordar horarios y convivencia.
“Cumplimos todo lo pactado. Tenemos cámaras que demuestran que cerramos en horario y que el volumen estaba bajo. Sin embargo, dos o tres vecinos comenzaron una movida que no tiene que ver con ruidos molestos”, afirmó.
“Hay intereses políticos y comerciales detrás”
El empresario fue contundente al señalar que detrás de las clausuras existen otros factores:
“Una funcionaria del Poder Legislativo vive cerca y estuvo presionando para que nos cierren. Además, hay un vecino que tuvo un enojo comercial conmigo. Esto va más allá de los ruidos”.
Gallardo anticipó que su abogado ya presentó una medida cautelar y otras acciones legales.
Perjuicio económico y social
El propietario remarcó que no solo ellos pierden con la clausura:
“Detrás de Lobito hay entre 40 y 50 personas que trabajan. Para nosotros un fin de semana cerrado es un golpe durísimo”.
La clausura por 10 días, que comenzó un jueves, implica perder dos fines de semana completos.
“Es muy raro todo. Muy llamativo. Y muy injusto”, finalizó
