El reciente cierre del caso contra Néstor Fabián Herrera, sentenciado a 7 años y 6 meses de prisión efectiva, dejó al descubierto una grieta en el proceso judicial. Mientras el condenado ya fue trasladado a una unidad penal en Corrientes, la mujer detenida junto a él en el operativo del barrio San Benito se encuentra en su domicilio. Un contraste que genera sospechas sobre posibles acuerdos de partes y el alcance real de la nueva Ley de Narcomenudeo.
Una resolución récord
Bajo el nuevo marco de la Ley Provincial vigente desde febrero, la justicia ordinaria de Esquina logró lo que antes llevaba años: una condena firme en menos de una semana. Tras la investigación y el allanamiento de Prefectura, el fiscal Javier Mosquera cerró un acuerdo de juicio abreviado para Herrera, quien fue hallado culpable de vender estupefacientes en un búnker donde incluso operaba contra su propio hijo. Sin embargo, la efectividad del sistema parece haberse detenido a mitad de camino.
¿Culpables de distinto grado?
La indignación en el barrio San Benito y en la opinión pública surge al observar el destino de la otra persona involucrada. Durante el procedimiento, ambos fueron señalados por formar parte del mismo engranaje de venta al menudeo. Pero hoy, la balanza de la justicia se muestra inclinada: mientras el masculino enfrenta la dureza de la cárcel en la capital correntina, la femenina implicada permanece en su vivienda.
Interrogantes sin respuesta oficial
¿En carácter de qué se encuentra esta persona en su domicilio? La falta de información oficial abre la puerta a las conjeturas más graves. Si existe una prisión domiciliaria, ¿cuáles son los fundamentos técnicos para otorgarla en un delito de esta naturaleza? Y si no la hay, ¿significa que fue sobreseída o que su libertad fue el precio de un acuerdo para cerrar la causa de Herrera?
La sombra del “arreglo”
En la calle se habla de un “arreglo de partes” entre la fiscalía y los detenidos para mostrar resultados rápidos ante la nueva ley, pero a costa de dejar a una de las piezas del tablero en su casa. Resulta difícil de explicar para la sociedad cómo una persona detenida con droga fraccionada, dinero y elementos de pesaje, recupera la comodidad de su hogar en cuestión de días.
La justicia a medias no es justicia. Mientras en el barrio San Benito se preguntan si el búnker realmente se cerró o si solo cambió de administrador, el silencio de las autoridades sobre la situación procesal de la mujer no hace más que alimentar la desconfianza en este nuevo sistema de persecución al narcotráfico.


