Desde el móvil de TN Esquina, dialogamos con Graciela Domínguez, presidenta del Club San Martín y la única mujer que participa en las reuniones de la Liga Esquinense de Fútbol. En su rol, Domínguez ha denunciado lo que considera una muestra de machismo estructural que afecta tanto a su liderazgo como al desarrollo de su club dentro del ámbito local.
“Acá sigue reinando el machismo. Como soy la única mujer que participa en las reuniones, parece que también castigan a mi club”, expresó Domínguez, subrayando cómo la discriminación de género sigue afectando las decisiones de quienes lideran instituciones deportivas en la región. Según relata, durante la última reunión de la liga, se discutió la programación de las semifinales, donde San Martín tenía prioridad para ser local. Sin embargo, se le negó esta posibilidad bajo el argumento de que su cancha carece de iluminación, y sus propuestas de alternativas fueron desestimadas.
Ante esta objeción, Domínguez propuso que los partidos se jugaran en horarios con luz solar, como a la mañana o a las cinco de la tarde, planteando una solución viable. Sin embargo, asegura que la verdadera razón tras la negativa es el interés económico de la liga. “El presidente de la liga no quiere perder ingresos, y así, nuevamente, una institución que intenta jugar en condiciones justas es relegada”, explicó, señalando la falta de voluntad para equilibrar las posibilidades y respetar el derecho de su club.
Para Domínguez, esta situación no es aislada, sino parte de un patrón de comportamiento donde se prioriza la voz masculina y se desestima la participación femenina. En un ámbito como el fútbol, históricamente dominado por hombres, su presencia y liderazgo representan una resistencia a estas estructuras que siguen excluyendo a las mujeres de espacios de poder. La presidenta de San Martín no solo denuncia esta situación como un agravio a su institución, sino como un reflejo del machismo que impone barreras adicionales a las mujeres que ocupan roles de decisión.
“Es la segunda vez que nos niegan la localía en nuestra cancha. Antes, incluso, nos obligaron a jugar de locales en otro club, y ni siquiera nos dieron una participación en las entradas. En estas actitudes, veo una falta de respeto no solo hacia mi club, sino hacia mi rol como mujer al frente de una institución”, resaltó. La presidenta concluye con un llamado a la reflexión sobre el impacto de estas prácticas que no solo perjudican a un club, sino que perpetúan la exclusión y el desinterés hacia quienes buscan una competencia justa e igualitaria. Con su testimonio, Domínguez pone de relieve la necesidad de un cambio cultural en la estructura del fútbol local, donde el respeto, la inclusión y la igualdad sean valores inquebrantables.
